Horizonte nariz  (1)

El futuro llegó. Posturas, cargos, gobierno y sindicalismo toman forma. Cómo es la UNaM que se viene y cómo la UNaM que vuelve. Lo único cierto: no se para.

Contra toda expectativa de entretenimiento como válvula de descompresión, el mundial de fútbol nos devolvió a la cuestión sociopolítica. El campeonato invocó problemáticas que tarde o temprano acaban señalando el trasfondo de los conflictos sociales: xenofobia, racismo, FIFA, coacción por fuera de las normas. Poder y desigualdad, la divisa internacional.

En Argentina tampoco hubo vacaciones politiqueras. Hasta el plan «receso de las redes sociales» fue frustrado por la espectacularización de la política. Las bufonadas internacionales de Milei son un ejemplo.

El cachivacheo local del mileísmo también hace su parte: mucho barullo, poca relevancia. En sintonía, la Renovación se renombra, se divide, van y vienen personalidades políticas, algún paliativo para las familias endeudadas por aquí, un gesto de recortes en la casta misionerista por allá. Pero, al fin y al cabo, más allá de sus internitas, los legisladores y la gobernación siguen acompañando el ajuste de La Libertad Avanza.

Lo trascendente es el avance de la extranjerización de tierras (Ley de inviolabilidad de la propiedad), reforma laboral, régimen electoral, el récord de deuda externa, etc. En la UNaM la cosa se encarna más tranquila. Quizás funcionó como sedante el 21% del Acta Entrega del CIN y la Subsecretaría de Políticas Universitarias sobre la liquidación mensual más aguinaldo en el receso. En medio del revuelo y antes de que termine el proceso electoral, la lista única al rectorado afirmó que no habrá paros.

La distención se notó el día de la asunción de autoridades en el Campus: recibir con rectitud y humanidad a un gobierno universitario que se negó a gastar recursos en la impresión de boletas para los comicios, pero no escatimó en gastos de comida, bebida y cotillón para el festival del pasamano gubernamental seguido del partido de Argentina-Egipto. Octavos de final en pantalla gigante, con recomposición salarial mediana y democracia pequeña.

Dejando de lado la euforia de un partido infartante y la casi nula publicación de actas y escrutinio de las elecciones, solo resta relajarse frente a un escenario político institucional que seguirá igual que desde hace ocho años. Cero ansiedad.

Aunque hay autoridades que ocuparon sus cargos de facto sin pasar por las urnas, hubo tres decanatos y algunos consejos que sí fueron electos y los resultados refuerzan a todos los oficialismos. Alaraca de asunción gigante, elecciones medianas, resultados pequeños sin cambio de gobierno. Tiene sentido preguntarse si la democracia está aquí entre nosotros.

No es especulación: Katogui declaró que continuarán con la misma política que la gestión anterior y prometió consumir y conducir la universidad con compromiso. Recién mañana será el gabinete reveal y conoceremos al equipo de gestión. Ni siquiera huele distinto.

Resulta al menos curioso que la coalición gobernante desde hace años tenga la fuerza para sortear las urnas, pero no tenga la capacidad de retomar su gobierno con un esquema sólido de funcionarios. Es probable que esta incertidumbre se deba al loteo de puestos y cargos que se negocian sobre la marcha para garantizar gobernabilidad: una repartija que debe atender también a la segunda y tercera línea de punteros. Sortear los comicios tiene ese costo: sacrificar la cohesión de un proyecto institucional para sostenerse en el poder. Si se elige creer, es porque crece la disconformidad con este modelo de oficialismo permanente.

Los pasillos rumorean que sostendrán otros cuatro años más a los funcionarios de la Secretaría de Recursos Humanos y de Economía y Finanzas para garantizar la falta de políticas de recursos humanos y el hermetismo de la caja negra de puntos recaudados mediante el sistema de la planta referencial. Sin discrecionalidad en el reparto de recursos Convergencia, Unidad y Compromiso no existe.

El feudalismo a veces debe demostrar magnanimidad: durante los años de ajuste se promovió o incorporó a 168 trabajadores nodocentes mediante la manipulación discrecional de puntos prevista en la resolución 045/2012. Nadie pudo explicar con qué criterios. Y nadie preguntó. Incluso un régimen de base divina necesita alimentar su vasallaje distribuyendo un poco del tributo involuntario de los trabajadores.

Este señorío también involucra a los consejos y las comisiones directivas sindicales. Por eso, después de las campañas, todavía no tuvimos noticias de los candidatos electos (algunos con trayectoria en las bancas). Aquellos que prometían contacto permanente con sus representados y fluidez en la información volvieron al mutismo que mira para arriba.

Si un evento de entretenimiento de la proporción del mundial de fútbol, a pesar de las restricciones explícitas, no pudo evitar las expresiones políticas —desde las Malvinas hasta la masacre palestina— es porque la política no es algo que pueda barrerse bajo la alfombra disimuladamente. Más lejos está de hacerlo un periodo de campañas electorales magras y actos festivaleros.

Cuando las formas de evasión fracasan, la gravedad de los problemas nos recuerda que seguimos en tierra, en el mismo lugar. Especialmente si la expectativa promete una imaginaria unidad nacional o la satisfacción de consumir productos de primera necesidad. Las ilusiones básicas para sobrevivir como planta permanente.

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