SindicaLita

Según el estereotipo nodocente, ¿es «sindicalista» o «sindicaLita»? Algunas ideas para buscar respuestas sobre las prácticas políticas en la UNaM. Pocos minutos para tantos años. Intenso.


Estereotipos

Los estereotipos tienen mala fama con justa razón: condensan, de forma grotesca y tendenciosa, rasgos dispersos que terminan estigmatizando a quienes se les aplican. Su eficacia reside en mezclar verdad y falsedad. Como las matrices ideológicas, necesitan apoyarse en algo reconocible para generar efecto de veracidad. Algo que haga pie en eso que solemos llamar sentido común.

Cuando escuchamos que «los ingenieros son esquemáticos», «los policías son ortibas» o «los empleados públicos son fiacas», se activa un repertorio de asociaciones compartidas que vuelve verosímil al estereotipo.

¿Qué ocurre cuando se afirma que «los sindicalistas viven de complicarle la vida a la empresa y a los que quieren trabajar»? En la evocación no pueden faltar haraganes y chantas. Incluso si alguna de esas imágenes encontrara casos que la confirmen, todas esconden una verdad más evidente: el sindicalista siempre colisiona con los intereses del dueño de la empresa, el jefe, el gerente, el patrón y cuanto agente ejerza poder en su nombre.

La contraparte del sindicalista es el jefe o cualquier vicario patronal en un ámbito productivo: aquel que obtiene un beneficio que excede su propio sustento; o plusvalía o poder, o ambos; algo más que un salario.

Una mirada menos estereotipada entiende al sindicalista como el agente que se ocupa del cumplimiento y la defensa de derechos laborales, del bienestar de los trabajadores y de la resolución de conflictos frente a su contraparte: el jefe. No importa si es bueno o malo, si tiene éxito o no; eso lo define.

El multiverso nodocente tiene como nodo orbital al peronismo cegetista. Desde las dirigencias hasta las bases puede reconocerse el predominio de cierta tendencia a la mesa chica, el capatazgo jerárquico y los actos y las elecciones como grandes momentos políticos.

En esta sintonía transmitida por Fatun, la memoria visual nos tira dos imágenes sindicales.

Rucci

Rucci

Ubaldini

Ubaldini

La primera es la de José Ignacio Rucci, garante del pacto social mediante el control del aparato sindical, congelador de salarios y director técnico de patotas sindicales. Fue el bien amado por Perón debido a su lealtad, que no era más que obediencia ciega, vendiendo pacificación social con la plusvalía de favorecer a los patrones. Por traidor a la clase obrera, hubo que sacrificarlo antes de que llegue a los 50 años.

La otra es la de Saúl Ubaldini, figura de peso medio, restaurador de la democracia sindical entre el ajuste de los milicos y la inflación alfonsinista. Su agite desde el interior del peronismo, bajo la consigna «Paz, Pan y Trabajo», ofreció un perfil confrontativo sin la combatividad de la izquierda ni el dialoguismo de la derecha. Murió de cáncer a los 69 años, respetado por propios y ajenos.

Más allá de las diferencias y estereotipos, ambos dirigentes, siempre recordados por la tradición fatunera, tenían algo en común: hablaban de política, de sindicalismo, movilizaban, discutían con diferentes corrientes e intervenían en distintos espacios, fuera la calle o la fábrica.

Si estas figuras habitan el imaginario del sindicalismo nodocente, ¿por qué nuestros sindicalistas de Apunam hablan y hacen cualquier cosa antes que practicar el sindicalismo?

Hagan memoria, indaguen, pregunten, busquen indicios, pistas, testimonios, vestigios, restos materiales. Revisen las páginas web y las redes sociales. Entre gremios docentes y nodocentes de la UNaM no encontrarán grandes gestas; de hecho, de las pequeñas encontrarán muy poco. Cualquiera.

Los tiempos cambian. Ok.
El mundo laboral cambia. Bueno, puede ser.
Las maneras de practicar la política también cambian. Tal vez.

Pero entonces, ¿cuál es la forma y dónde se practica el sindicalismo nodocente de la UNaM? ¿Dónde están el análisis, la crítica, la información, las discusiones, los espacios de acción y formación? ¿Dónde están la postura antipatronal y las intervenciones en la vida universitaria?

Qué tema

La conducción de Lia Rojo al frente de Apunam comenzó con el pie derecho. Durante el primer mes consiguió descuentos para afiliados en la canasta alimentaria, insumos eléctricos y materiales de construcción.

Con la caja gremial en rojo, la comisión directiva promueve actividades solidarias para recaudar fondos y realizar actividades sociales, a veces por asistencia médica a los afiliados. Pone en venta el vehículo y ejecuta refacciones de las sedes a cargo de la comisión directiva o de afiliados con espíritu colaborador.

La restauración de la web quedó en el camino y la comunicación sindical en redes sociales sigue limitándose a efemérides y obituarios, combinados con reposteos de FATUN o de otros gremios.

Todavía falta el pie izquierdo: restaurar las reuniones mensuales con el Cuerpo de Delegados, producir discurso político-sindical e intervenir en asuntos clave para la vida laboral nodocente.

Temas para abordar sobran: desde Nación aceleran el ataque a los trabajadores. La situación de la Ley de Financiamiento Universitario, el avance de la reforma laboral esclavista sobre los convenios colectivos de trabajo, el veleteo y la desarticulación de los distintos niveles sindicales, el ajuste en el servicio médico, la peculiaridades de las elecciones universitarias, etc.

Agujero

Uno de los grandes baches sindicales nodocentes es la falta de indagación sobre la gestión de los recursos humanos.

Durante los años de ajuste brutal de La Libertad Avanza, la UNaM destinó aproximadamente 1256 puntos de la planta referencial para promocionar a 133 agentes, sin contar los puntos destinados al ingreso de 35 personas. 468 puntos se ejecutaron en 2024 y 788 en 2025.

En 24 meses, 61 trabajadores accedieron al tramo intermedio del escalafón, 39 nodocentes al tramo superior y 33 se movieron dentro del tramo inicial, avanzando a la categoría 6. Los recursos destinados a las promociones hacia el tramo superior consumieron el 41,4% del total, solo un poco más que los del tramo intermedio (41%) y muy por encima de los asignados a trabajadores en categorías más bajas (17,5%).

Además de que todo este movimiento sucedió sin planificación ni política de recursos humanos, los puntos que se distribuyeron salieron de las bajas nodocentes licuadas por la resolución 045/2012.

Significa que, aun en medio de una crisis económica que golpea a los trabajadores universitarios, Convergencia, Unidad y Compromiso sigue distribuyendo las promociones de manera discrecional: estrangula los recursosAcerca de esta modalidad, muy pronto llega El otro ajuste a Hormiguear. a la chacota, engorda de forma desproporcionada el tramo superior y posterga una planificación que contemple al casi 50% de la planta ubicada por debajo del tramo intermedio.

No preguntarse por la caja negra de puntos recaudados por el sistema de la planta referencial y monopolizados por las autoridades desde hace décadas es más que un error sindical: es complicidad patronal.

Estirar de este hilo revela nudos cruciales para los trabajadores nodocentes: la ausencia deliberada de políticas de recursos humanos, la no aplicación del reglamento de concursos y la manipulación reciente de reglamentos para adecuarlos a intereses privados, entre otros.

Cada una de estas dimensiones también podría ser disparadora de capacitaciones y formación sindical. Sin embargo, nuestro gremio prefiere gestionar e invertir recursos en otro tipo de formación, generalmente dirigida a mejorar u optimizar el rendimiento laboral; otras veces, a cuestiones personales, como el curso de finanzas y autoajuste con especialización en trader boy para trabajadores precarizados.

No hay nada de malo en esta línea de trabajo gremial, más volcada al mutualismo. De hecho, es un punto de encuentro con los demás gremios universitarios, Adunam y UDUM.

Pero el asunto clave es que los gremios no deberían descartar el sindicalismo como actividad principal. Esa es su razón de ser: la política laboral y organizativa.

La nuestra

De parabienes: quienes tengan solvencia a fin de mes, un terreno o casa propia para construir —quizás en el minúsculo grupo Buche Lleno— aprovecharán los descuentos en materiales de construcción; los demás ahorraremos unos pesitos en supermercados, materiales eléctricos y cuanta oferta traigan los comercios amigos de las conducciones. Adunam tiene descuento en helados.

Aunque hoy estén disminuidas, la proveeduría y las ayudas financieras siguen siendo líneas clave para los afiliados de Apunam. Dos líneas de acompañamiento a la economía familiar nodocente sustentadas con los fondos de la cuota sindical. Especialmente porque son populares y democratizan el acceso a quien necesite.

Hoy tenemos ayudas más restrictivas. Rojo consiguió significativos descuentos para materiales de construcción (-40%) y electricidad (-30%). No todas las familias nodocentes están en condiciones de acceder a una obra; de hecho, tenemos compañeros con problemas para pagar el alquiler. Por eso es fundamental conocer las condiciones de estos descuentos: si los comercios efectivamente venden a precio de costo o si el gremio respalda una parte con la cuota sindicalLas políticas exclusivas no pueden financiarse con fondos de todos, mucho menos decidirse de manera unilateral, sin instancias de consulta; ya vemos cómo resultó esto en Smaunam..

En lo apuntado hasta acá vemos que las políticas en marcha se orientan a acompañar al afiliado en su emergencia económica. En otras palabras: los nodocentes tienen problemas para sustentar su vida y la de su familia porque el salario es insuficiente.

Este es el punto de partida no solo para abordar sindicalmente el impacto del ajuste nacional y su cadena de transmisión local, sino también para pensar la perspectiva de la carrera laboral que tenemos, las políticas de recursos humanos y la administración de las finanzas destinadas a los trabajadores universitarios.

Ya sabemos: temas de interés sindical sobran. También sabemos cómo repercuten en la vida laboral. Sin embargo, elegimos conducciones que no se ocupan de eso. Todavía peor: tampoco las bases nos ocupamos de eso.

Es común que hierva la sangre nodocente cuando nos estereotipan diciendo que nuestro claustro «es mersa porque prefiere las dirigencias conservadoras y maltratadoras con tal de que nos den préstamos y diversión». Pero, después de la bronca, vale la pena revisar este estereotipo, separar lo cierto de lo inventado.

Corroborado una vez más por el resultado de las elecciones del 13 de mayo, el perfil gremial preferido por los nodocentes es el que dispone ayudas económicas, proveeduría, descuentos en comercios, deportes y turismo.

El perfil conservador se manifestó el 3 de julio: a poco de haber asumido, la conducción de Rojo, Carlson y Quintanilla no organizó nada para la movilización del Ni Una Menos. Eso es precisamente lo que votaron los nodocentes.

Sindicalismo Lita de Lázzari

Somos conscientes. Por eso, muy acertadamente, en los pasillos este modelo de conducción se conoce como «sindicalismo Lita de Lázzari»Lita (Buenos Aires, 27 de julio de 1925-17 de mayo de 2015) fue una mediática ama de casa y presentadora de televisión argentina, presidenta honoraria de la Liga de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios. También fue presidenta de la Unión Intercontinental de Amas de Casa y Consumidores. (Wikipedia, consultado el 11 de julio de 2026): tributo a esa ama de casa tradicionalista que indicaba dónde comprar barato y cómo elegir bien la baratija, y que nunca se privaba de expresar alguna idea de vieja conserva.

Pero el problema no es Lita de Lázzari. El problema es que un gremio no puede reducirse a señalar góndolas, administrar descuentos y recomendar prudencia doméstica mientras se desarma la vida laboral de sus afiliados. Comprar barato puede aliviar una semana; es una salida de coyuntura. Organizarse sindicalmente puede cambiar una relación de fuerzas y mejorar las condiciones de todos los nodocentes.

El sindicalismo mutualista tiene su lugar. Nadie desprecia una proveeduría, una ayuda financiera o un descuento cuando el salario no alcanza. Sería absurdo burlarse de las estrategias de supervivencia de una familia trabajadora. Lo que sí merece crítica es convertir esa emergencia en horizonte político. Porque cuando el gremio solo acompaña el deterioro, pero no lo enfrenta, termina funcionando como una oficina que gerencia la precarización.

Ahí aparece la caricatura completa: una conducción que mira precios, gestiona convenios, sortea canastas, junta fondos, arregla sedes, sube efemérides, reparte condolencias y evita discutir poder. Sindicalismo sin conflicto, sin análisis, sin Cuerpo de Delegados activo, sin formación política, sin interpelación a las autoridades. Una conducción sin intervención en la carrera nodocente, sin nada para decir sobre el sistema de la planta referencial, los concursos, las promociones, el servicio médico, el salario, el convenio y la universidad que habitamos.

Un gremio así no disputa poder con las autoridades. La ayuda a gobernar.

Por eso nuestro estereotipo duele: porque algo toca. No porque los nodocentes seamos mersa ni porque necesitemos descuentos, préstamos o turismo, sino porque demasiadas veces aceptamos que eso alcance. Votamos gremios para que nos alivien el bolsillo con nuestro propio aporte sindical, no para que organicen nuestra fuerza. Un fondo rotativo de ahorro entre compas de oficina.

El sindicalismo Lita de Lázzari no es solamente una conducción: es una forma de conciencia gremial. Una pedagogía de la resignación con folleto de ofertas. Nos enseña a buscar el mejor precio mientras otros deciden nuestras condiciones de trabajo; a celebrar el descuento mientras se precariza la carrera laboral; a agradecer la ayuda mientras se naturaliza que el salario no alcanza; a mirar la baratija mientras los recursos humanos se licúan en la caja negra de la planta referencial.

La pregunta, entonces, no es solo qué hace Apunam. La pregunta incómoda es qué esperamos de Apunam. Si queremos un gremio que administre el malestar o uno que discuta las causas de ese malestar. Si queremos una conducción astuta con los comercios y apocada con las autoridades, o una herramienta capaz de incomodar donde corresponde. Si queremos seguir organizando la supervivencia en cuotas o empezar a organizar, de una vez, la defensa colectiva de nuestro trabajo.

«Lo viejo funciona», nos dicen los estilistas vintage de la política; la pregunta es para quién.

Es hora de decidir si seguiremos legitimando el tradicional modelo sindical Lita de Lázzari o si seguimos los pasos de Norma Plá.

Aviso urgente

PICÁ y MIRÁ

Fijate bien las condiciones antes de engolosinarte con esta liquidación irracional de mi biblioteca.