Kè botaron

Apriete y prepotencia: ¿eso es lo que gusta? Este texto quiso ser preelectoral y llegó tarde. Tal vez todavía sirva para comprender qué eligió el claustro nodocente el 13 de mayo. No se trata de cuestionar el voto ajeno, sino de intentar entenderlo.

Con el diario del lunes no tiene sentido hacer pucherito y soltar aires de superioridad política. Mejor apuntar algunas notas sobre el perfil sindical nodocente que salió fortalecido de estas elecciones y que pasa a formar parte del horizonte político universitario de los próximos cuatro años.

No hace falta dar vueltas ni fingir inocencia para señalar un problema evidente. Hasta el nodocente más infantilizado por la ficción de autosuficiencia laboral promovida por la política de serpentina sabe que el claustro languidece sindicalmente y conoce, más o menos, las consecuencias que eso tiene sobre el trabajo cotidiano.

Vale la pena repasar las entradas dedicadas a estas elecciones e intentar tomarnos el asunto un poco en serio.

Estamos flojos de prácticas sindicales regulares. El claustro nodocente tiene poca presencia política; y no me refiero a ser el decorado de actos institucionales. No se lo oye hablar colectivamente, no se lo ve intervenir, no aparecen posturas reconocibles en esas protuberancias llamadas agrupaciones. Lo que predominan son clústeres cerrados, articulados alrededor de objetivos generalmente ajenos. Agencias de lobby.

Por eso cada día son más los bobos que nunca participan de nada ni hacen nada ni se la juegan por nada, pero les gusta decir que la asamblea no sirve, el paro es para vagar, el sindicalismo es caca y las elecciones no valen la pena. Todo lo que se ejerza pública y colectivamente resulta estéril.

Nada de esto se explica por voluntades individuales o mezquindades personales. Hay una lógica de funcionamiento más profunda y una función específica que cumplen determinados agentes. Una lógica que excede al claustro nodocente y reduce las expresiones políticas a pactos sobre agenciamientos privados de gobernabilidad. La estrategia clandestina.

Entonces lo único que queda es la administración de la precariedad en manos de pequeños grupos: decanos y rectores, directores y operadores de lobby, sindicales o no. La expresión más visible de esta lógica es el «armado electoral» según el momento; nombres que entran, otros salen y algunos vuelven a entrar por otro lado. Solo importa no quedar afuera.

Uno de esos Frankensteins fue la comisión directiva de Vallejos. En un contexto de tensión se destartaló rápidamente, le dio la espalda a los afiliados y no tuvo problemas en servir a la patronal entregando todo lo que pudo del gremio a cambio de algunas promociones y beneficios para integrantes de la propia conducción.

Gobernar únicamente en coyuntura es vivir en estado de crisis permanente, sin proyecto colectivo ni institucional. Construir proyectos políticos es tarea tardía para los genios del «armado». Solo repiten el hechizo del acuerdo y el consenso, esperando que de la galera salga algo más que caspa.

Ni se gasten en depositar en los nombres responsabilidades individuales. El pacto de silencio, ese «mirar para otro lado», es tan extendido que mejor desviemos la mirada y no digamos nada. La complicidad es un círculo tan adictivo como anónimo. El único pacto genuino y real que nos involucra a todos.

Sí, sí, pero viste cómo es la cosa... Ya sabemos: la política es así, llena de misterios, acuerdos e imponderables giros estratégicos. Ahora veamos qué resolvió el claustro nodocente en las urnas.

Info

Lo presentado resume información desigual porque depende del nivel de exposición pública, sindical e institucional de cada candidato. Parte de lo mencionado fue registrado mucho antes de las elecciones y puede encontrarse en publicaciones previas, materiales difundidos e informes de delegados. Como toda mirada política, esta también tiene el sesgo de los espacios que transito. Las correcciones y réplicas son bienvenidas.

Todas las listas incorporaron nombres nuevos. Eso no significa necesariamente ausencia de trayectoria, sino una renovación relativa frente a los cuadros históricos enquistados en la conducción sindical o reciclados permanentemente en tareas que el claustro suele reconocer como «militancia»: gestión institucional, deportes, arte, canichear o cultivar el inerte pero premiado papel de planta permanente.

También incluyeron a delegados actualmente en funciones. Parte del mismo Cuerpo de Delegados que se tomó un año sabático en 2025 y no concretó ni una sola reunión mensual de las pautadas por el estatuto. Una violación en manada de los reglamentos que pasó sin mayores consecuencias.

Somos

Más allá de los momentos electorales, siempre vale preguntarse qué papel cumplieron los candidatos en el sindicalismo nodocente, ¿qué estuvieron haciendo estos últimos años de ajuste contra las universidades públicas y los empleados estatales? Y también qué hicimos nosotros como claustro o como trabajadores. Este repaso nos ubica en la palmera del balance y nos tumba de la del juicio a la acción ajena.

Ya ganó

La Lista 1 encabezada por Lia Rojo (FHyCS), Paula Carlson (FAyD) y Hugo Quintanilla (Rectorado, Transmedia) se impuso con un tercio de las urnas. Permanecen de la gestión anterior Natalia Olinike (FAyD), Miguel Nieves (Rectorado, Transmedia) entre otros. Se suman a este proyecto delegados de Económicas y la joven agrupación Somos Rectorado. La incorporación de Liliana Riveros formaliza algo que ya funcionaba en los hechos: la injerencia de los funcionarios en la conducción gremial. La enquistada secretaria general de RRHH ahora conforma el plantel de vocales de la comisión directiva de Apunam.

Rojo tiene la capacidad para sostenerse sindicalmente aun sin un capital político propio demasiado sólido. Su habilidad principal parece consistir en encontrar grietas dentro de todos los esquemas posibles, especialmente cuando se trata de neutralizar conflictos, administrar disidencias o articular pequeños espacios de poder.

Digo esquemas y no proyectos porque su trayectoria atraviesa distintos armados y alianzas sin demasiadas dificultades ideológicas. Lleva varios períodos orbitando estructuras de Apunam y Fatun. Ayer nomás, en las elecciones 2022 de Humanidades, luego de la derrota de la lista opositora al oficialismo que ella acompañó, no esperó ni el cierre del escrutinio definitivo para entregarse al victorioso oficialismo de Garrido y patear a los derrotados.

En estas elecciones contó con respaldo importante de sectores oficialistas de Humanidades, Económicas y Artes, además de una cuota significativa de apoyo proveniente del rectorado. Nobleza obliga: parte de los votos responden a sus acciones sindicales. Apunto alguna de ellas.

La que más gustó entre las autoridades ocurrió durante las asambleas de octubre de 2024, en el marco de las protestas universitarias. Allí intervino reiteradamente contra las tomas estudiantiles y llegó a sostener, de manera despectiva, que los estudiantes pretendían «usar de hostel la institución». A este propósito se sumó la dirigencia de UDUM con el objetivo general de desactivar la protesta.

Fatun había indicado a los gremios de base que los nodocentes garantizaran la integridad edilicia durante las tomas. En Humanidades eso derivó en una situación todavía más grave: un grupo de nodocentes terminó ocupando la facultad junto a las autoridades, desplazando estudiantes hacia la vereda y restringiendo el acceso al resto de la comunidad.

Entre 2022 y 2024, todas las problemáticas que se llevaron a los plenarios de delegados en Apunam fueron sistemáticamente minimizadas o desplazadas, en buena medida por acción de las intervenciones de Rojo. Específicamente, los problemas que podrían derivar en conflicto con las autoridades.

Esa lógica aparece sintetizada en una frase atribuida a Diego Picaza: «detrás de todo problema nodocente hay otro nodocente». Una tradición alcahueta que prefiere encontrar chivos expiatorios entre los propios caniches antes que confrontar con responsables políticos e institucionales.

Casos de maltrato laboral y condiciones precarias de trabajo fueron relativizadas por análisis meteorológicos, arquitectónicos, por las sensibilidades personales o considerados de tratamiento fuera del gremio (direcciones sectoriales, Inadi, organismos contra las violencias, Dirección de Asuntos Jurídicos, los propios compañeros, etc.).

Algo parecido ocurrió frente a los atropellos patronales contra las licencias gremiales y la manipulación de los reglamentos de concurso y evaluación en la comisión ad hoc. La conducción apeló al bajo rendimiento laboral de sus propios secretarios, avaló las razones jurídicas servidas por las autoridades, cuando no esgrimieron con descaro motivos de rivalidad política ajenas al gremio (elecciones presidenciales en Smaunam).

Todo esto ayuda a entender por qué este perfil sindical resulta funcional para las autoridades universitarias. Lo que todavía cuesta explicar es por qué también consigue legitimidad entre parte de los trabajadores.

Paréntesis

Nuestro claustro no es precisamente una réplica del Soviet de Petrogrado, pero tampoco parece dominado por una derecha ideológicamente autoritaria organizada. Apenas asoma un mileismo espasmódico, incapaz todavía de organizar ideas y expresarse mediante el lenguaje. Avalar formas prepotentes no es un denominador común entre los nodocentes. Entonces, ¿qué expresa realmente el voto a la Lista Verde?

En verdad, no importa qué le parezca al nodocente, si el modelo sindical les cierra a las autoridades porque garantiza gobernabilidad institucional, neutraliza conflictos y conserva márgenes de negociación para pequeños grupos de poder, los votos aparecen.

Herramienta

Dentro de esa lógica, el apriete y el disciplinamiento también producen rentabilidad política.

En comentarios de una reciente entrevista a Lia Ethel Rojo en Instagram, al señalar a una dirigencia que en 2024 denigró y prepoteó a los manifestantes que defendían la universidad, Lia Victoria Britto, congresal electa junto a la primera Lia, no dudó en encubrir los actos de violencia pasando factura por presuntos favores adeudados. Para ellos es tan natural el apriete por tramoya que lo expresan públicamente sin empacho ni recaudos.

Lo escuchamos resonar como elemento de campaña de la Lista Verde («Con memoria…»), aunque solo mencionaron los cargos oficiales, no los creados por el desguace en la licuadora del sistema de puntos de la planta referencial. Cargos que en verdad no fueron conquistados sindicalmente, sino atribuidos por el Gobierno a todas las universidades. La fortaleza de Fatun solo consigue bonos en negro y promueve el turismo sindical.

Rojo utilizó argumentos similares en la asamblea de memoria y balance gremial de 2025, cuando respondió cuestionamientos sobre el manejo de fondos recordando promociones e ingresos laborales obtenidos por afiliados críticos de la conducción. La lógica implícita era bastante transparente: quien recibió beneficios debería callarse.

También existe el apriete interclaustro. A fines de ese mismo año, una docente presentó a su gremio (Adunam) una exposición. En la oficina de alumnado que Rojo dirige en Humanidades, se produjo un intercambio propio de bar: la secretaria general electa increpó a la docente por los paros realizados, instó a que denuncie a sus colegas del departamento y amenazó con informar a las autoridades superiores acerca de quiénes son los que ejercen su derecho a huelga. Ni el decanato de Garrido ni Adunam acusaron recibo de una directora que utiliza su acceso exclusivo a información para amedrentar. La verdadera unión intersindical.

Poleas

La incorporación de Liliana Riveros (Rectorado) es coherente con este modelo y formaliza una injerencia que existía de facto.

Atornillada a la secretaría de Infraestructura y RRHH, en ocho años no pudo desarrollar ni una sola política de recursos humanos para resguardar la carrera nodocente, pero sí pudo promocionar a su subalterno, el saliente secretario general de Apunam, José Vallejos, mirar para otro lado siendo testigo presencial de casos de maltratos por parte del secretario Mauricio Franco (FAyD) en SGEU, ser garante del velado alquiler de la saliente secretaria adjunta Caballero y desligarse de los múltiples problemas edilicios. También conformó, por la parte patronal, la comisión ad hoc para la modificación del reglamento de concurso y evaluación de desempeño.

Paula Carlson (FAyD) cercana a la renovadora Ivonne Aquino ––quien envió al ignoto Mauricio Franco a la SGEU–– y candidata electa para la secretaría adjunta de Apunam. Alcanzó la catergoría 2 en 2024 por su desempeño en la secretaría privada. Se la conoce por militar algunas causas feministas y participar en actividades municipales obereñas.

Hugo Quintanilla, el secretario gremial electo, tuvo momentos de actividad sindical hace algunos años, tras su ingreso en la universidad. El registro más memorable es una famosa fotografía tocando un bombo de Fatun.

Es uno de los pocos trabajadores de la UNaM que pudo gozar de las garantías del Convenio Colectivo de Trabajo y más: al crearse Transmedia TV, la SPU y Fatun se ocuparon de que los recursos enviados se apliquen con todas las de la ley. Así que Quintanilla ingresó a la universidad con una jefatura (categoría 3) asegurada. Hizo algunas apariciones durante las reuniones del SGEU entre 2022-2024, dedicadas a planificar recursos y exponer el maltrato del secretario general Mauricio Franco, pero sin intervenciones concretas.

Su exposición como subsecretario de Artes Plásticas de la Secretaría de Estado de Cultura de la Provincia de Misiones y su producción como artista plástico lo convirtió en un personaje público. Además, es ferviente promotor de personalidades renovadoras a pesar del apoyo que dieron al Gobierno nacional, pueden verificar el activismo misionerista en su cuenta pública de Instagram.

Quinta fue uno de los pocos universitarios renovadores que convocó a la movilización #30M Por la Paz organizada por Rovira y Passalacqua como complemento estigmatizador que se agregó a la represión y judicialización de la protesta de trabajadores de la educación y la seguridad en 2024.

Agentes clave de la gestión pasada son Olinike y Nieves, de los pocos que bancaron hasta el final la postura y acciones del equipo dirigencial que quedó luego de las renuncias.

Hasta el día de hoy, distintas formas de hostigamiento siguen su curso y Franco termina su mandato sin problemas y cobrando como dedicación exclusiva.

Nato Olinike suplió a Javier Leguisa en la secretaría gremial. Fue la encargada de entablar las conversaciones privadas con las autoridades en los casos de conflicto. En la SGEU fue la vocera del secretario Franco, su colega en FAyD, para transmitir disculpas por las agresiones a trabajadores. Finalmente, junto con la comisión directiva y parte de los delegados de la secretaría, promovieron las disculpas cristianas en lugar de la denuncia y dieron por cerrado el caso.

Miguel Nieves fue el compañero que empujaron hasta el final para obtener el aval de la Comisión Revisora de Cuenta en la última rendición contable. El caso del alquiler de la Adjunta, velado hasta el año pasado, fue el detonante que llevó al resto de los integrantes a renunciar. En el último balance, Nieves firmó en carácter personal, ya con la Comisión Revisora disuelta. Al no haber cuestionamiento ni denuncias por la infracción estatutaria, el balance se aprobó por unanimidad con el quorum mínimo de la asamblea.

Kè botaron

En estos pocos gestos sindicales, la estrategia dominante consistió menos en transparentar y canalizar conflictos que en neutralizarlos mediante acuerdos internos, silencios compartidos o aprietes. Silencio e inacción otra vez como valores supremos.

La calaña de nuestros representantes y sus maneras hostiles de invisibilizar el malestar es el menor de los problemas.

El modelo sindical que salió fortalecido de las urnas es el de la gobernabilidad a toda costa. No se necesita este largo texto de repaso para saberlo.

Basta con ver las cuatro memorias políticas anuales de la conducción saliente: no existe ningún problema en el claustro, la UNaM es un lecho de pequeñas flores de mburucuyá para los nodocentes.

No hay lectura alternativa: es imposible que no exista ningún conflicto. De otro modo, el poeta tiene razón: la vida sin problemas es pasar el tiempo a lo bobo.

Aviso urgente

PICÁ y MIRÁ

Fijate bien las condiciones antes de engolosinarte con esta liquidación irracional de mi biblioteca.