Recíproca

Más notas sueltas. Pensemos la comunicación cuerpo a cuerpo de acá en más, con responsabilidad y calidad. Ser y hacer nuestro propio medio y canal sindical.

El 25 de agosto, la Comisión Directiva de Apunam respondió oficialmente, por correo electrónico, a mi pedido de información presentado el 26 de junio. Antes de que se cumplieran los dos meses de espera, accedí a una reunión presencial con la secretaria general Lia Rojo, el secretario gremial Hugo Quintanilla y el vocal Fernando Fernández.

La audiencia se realizó el 21 de agosto, el mismo día en que la solicité. El motivo era consultar sobre la composición del cuerpo de delegados de la secretaría a la que pertenezco, específicamente acerca de la cantidad de representantes necesarios tras la salida de nueve compañeras del sector y de cara a las próximas elecciones.

Aproveché la visita para preguntar también por la respuesta a aquel pedido de junio. Lo dejé por escrito en una nota y tuve la oportunidad de plantear ambas cuestiones verbalmente durante una charla que se extendió casi una hora y media.

La respuesta de la Comisión Directiva, expresada en el correo, es fiel a lo conversado aquella mañana. Supongo que las mayúsculas sostenidas buscan enfatizar lo ya dicho ese día. Agrego ahora mi propia contribución a la memoria gremial, porque creo que también forma parte de esta comunicación digital.

Sintetizo la doctrina comunicacional que la respuesta oficial deja en limpio: para la conducción de Apunam no habrá informes, actas ni minutas sobre lo que se debate en las reuniones de Comisión Directiva o en los plenarios de delegados. Mucho menos sobre las actuaciones de congresales y consejeros directivos ante la FATUN.

Nada nuevo bajo el sol de la UNaM. No integramos un claustro sindicalizado que exija respuestas de calidad, mandate a sus representantes o tensione los canales oficiales. Pero conviene dejarlo por escrito: la conducción decidió clausurar los canales democráticos de información hacia las bases.

Lejos quedaron los tiempos de fluidez y claridad comunicacional que supo encarnar Susana Babi durante su breve paso por la Secretaría de Actas, Prensa y Difusión, hasta su renuncia. Ahora, lo único claro es que la Comisión Directiva no hará cumplir sus obligaciones a quien ocupa ese cargo: María Lucía Kovalski.

La postura oficial roza el absurdo: pretenden que los seiscientos afiliados interesados en saber qué se discute en reuniones y plenarios programen una visita y viajen hasta la sede de Posadas para hojear libros de actas. Difícil encontrar una definición más precisa de burocracia. En los hechos, un cepo a la información.

A esta altura ya se habrán presentado todas las listas de delegados para la renovación del cuerpo. Seguramente, en todas partes habrá, una vez más, listas únicas.

Frente a esta política, en el Cuerpo de Delegados radica la esperanza de construir una memoria colectiva. Una comunicación sindical para todos solo será posible gracias al compromiso de las poquísimas delegadas que asuman la tarea de informar a sus compañeros, de la militancia de pasillo que hace circular los datos y de las minutas magras que la Fatun cuelga en sus redes para contar sus resoluciones a espaldas de los trabajadores.

La dieta informativa de la gestión de Lia Rojo está clara: sobreabundancia de promociones y ofertas, talleres laborales y eventos sociales. De comunión política, organización colectiva y debate frente a las bases, un vacío mayúsculo.

Es fácil decir que los afiliados no participan, que los delegados no informan, que reina la apatía y que la confianza en los sindicatos cae cada vez más. Pero seamos honestos: ¿quién quiere mendigar información a quienes traicionaron los principios básicos de solidaridad y compañerismo que asumieron voluntariamente? ¿Por qué responderíamos a una conducción sindical que nos da vuelta la cara y ni siquiera dispone lo mínimo para consolidarnos como un sujeto político colectivo?

Aviso urgente

PICÁ y MIRÁ

Fijate bien las condiciones antes de engolosinarte con esta liquidación irracional de mi biblioteca.