Delegar

Notas sueltas. Documentos necesarios para la delegada, ideas al tuntún para el delegado. Cinco minutos de apuntes de mi cuaderno. No todo es pura pulpa.

Grata sorpresa es el instructivo electoral que dispuso la Comisión Directiva para estimular la votación de delegados y evitar las asunciones automáticas de las listas únicas. Buscar formas de promover la participación de los afiliados siempre es una tarea noble.

Extrañamente, el documento digital no lleva firma y los metadatos no dicen demasiado. Tampoco se encuentra en la web oficial ni en las redes sociales (Instagram, Facebook viejo, Facebook nuevo). No podemos saber qué validez legal o estatutaria podría tener el contenido de ese archivo, pero el mensaje es claro: debemos volver a reconstruir los espacios y mecanismos democráticos.

Insumos elección delegados

1Lo cierto es que colisiona con lo pautado en el reglamento interno de delegados, brecha que abre la Ley de Asociaciones Sindicales respecto de la modalidad local de las elecciones.

El artículo 45 de la Ley de Asociaciones Sindicales establece:

a) De diez (10) a cincuenta (50) trabajadores, un (1) representante; b) De cincuenta y uno (51) a cien (100) trabajadores, dos (2) representantes; c) De ciento uno (101) en adelante, un (1) representante más cada cien (100) trabajadores, que excedan de cien (100) a los que deberán adicionarse los establecidos en el inciso anterior.

Dejando de lado esta ecuación, el reglamento interno de Apunam asigna 3 delegados titulares y 3 suplentes para cada unidad académica, sin importar la cantidad de trabajadores que contenga. En el caso del rectorado, corresponde la misma cantidad de representantes para cada secretaría general. El motivo de esta distribución es que las secretarías generales concentran una cantidad de nodocentes similar, y a veces mayor, que las facultades.

No hay tos con el desempeño indistinto del grupo de delegados, el problema es cuando lo hacen de manera independiente, sin un programa de trabajo común. Incluso la relación con las autoridades es diferencial y cada patrón lo reconoce así, eligen con qué delegado tratar según el nivel de alcahuetería.

El resultado es un Cuerpo de Delegados abultado que triplica, aproximadamente, la proporción prevista por la ley. Pero el sobredimensionamiento no es solamente numérico. Es también funcional.

En los hechos, titulares y suplentes desempeñan las mismas tareas. Representan sectores, participan de reuniones, intervienen en plenarios y actúan como interlocutores sindicales.

La figura del suplente desaparece en la práctica cotidiana. Los seis representantes funcionan como delegados generales.

2Recientemente, la Comisión Directiva incorporó a su vocabulario el término «comisión interna» para referirse a este grupo de 6 representantes de base. Con ese humilde acto de enunciación se le atribuye la categoría de órgano deliberativo, resolutivo y ejecutivo de acciones sindicales.

Quizás este sea el artilugio para realizar comicios y evitar las asunciones automáticas de listas únicas: la Ley de Asociaciones Sindicales exige que los delegados atraviesen comicios para legitimar sus acciones y representación.

Una comisión interna no es simplemente un conjunto de delegados. Históricamente surge donde la complejidad de los lugares de trabajo exige una estructura sindical intermedia. Empresas con múltiples establecimientos, organismos dispersos territorialmente o planteles masivos de trabajadores suelen organizarse mediante comisiones internas elegidas por sufragio directo y dotadas de una arquitectura propia de conducción: secretarías, funciones diferenciadas y capacidad de coordinación. Son herramientas pensadas para representar y actuar colectivamente dentro de la rama de un sindicato.

3Existen dos curiosidades sobre esta configuración del Cuerpo de Delegados en Apunam. La primera es la atrofia representativa: una gran cantidad de delegados para universos reducidos de trabajadores. La segunda es la atribución de funciones deliberativas, resolutivas y ejecutivas a equipos que carecen de estructura y mecanismos de articulación política.

La situación suele presentarse como un avance democratizador. Más delegados, más voces, más participación. Suena bien, es el barullo de los tantos representantes. La aritmética no necesariamente fortalece la organización colectiva. Y con nuestro andamiaje gremial aleyado, mucho menos.

En una institución cuya dirigencia patronal carece de políticas de recursos humanos y un gremio cuya dirigencia no garantiza el cumplimiento de sus propios reglamentos ni disputa o interviene en los procesos de organización laboral, la atomización de base que produce este modelo remata la organización sindical. Se agrega al problema la privación de información, por parte de ambas dirigencias, sobre reglamentaciones que sí existen y pueden ser herramientas sindicales.

Además, la integración de las listas suele tener un representante de cada agrupación política, de la patronal y del partido oficialista universitario o provincial. El espíritu es el lobby. Por eso se fuerzan las listas únicas, para que nadie se quede sin palanca.

Les invito a revisar las actas para ver cuántos delegados informan o llevan planteos a los plenarios. De los ciento y pico de delegados, van 70, de los 70 hablan 8.

4Entonces, frente a cualquier conflicto o disponibilidad de recursos, en lugar de un Cuerpo sólido que aborde los problemas colectivamente entre una treintena de delegados generales, tenemos un centenar de representantes planteando asuntos de parcela, particulares e irreconciliables.

El sindicalismo nació para convertir lo individual en colectivo. Nuestra modalidad trabaja a la inversa. No forma delegados, sino informantes de menudeo y lobistas. Por eso nunca tenemos ningún problema en agenda, ninguna cruzada política, cero disputas con la patronal.

Donde debería haber una mirada integral sobre las condiciones de trabajo y una agenda común, hay una pila de agendas de oficina, patronales o partidarias. Donde debería fortalecerse el cuerpo colectivo de delegados, se instala una caterva de lobistas como interlocutores sectoriales.

Y, para colmo, suelen ser siempre los mismos los que asumen sin sufragio, apenas con el consentimiento verbal o gestual de compas que ya no esperan nada de este sindicalismo, el único que conocen.

Bonus

Una consultora corte coaching comunicacional está a cargo del primer simposio de formación sindical organizado por el sindicato de empleados de la Asociación de Empleados Fiscales e Ingresos Públicos (ex AFIP). Hasta donde pude ver, entre los expositores no hay ningún sindicalista. Todo esto tiene el aval de la UNaM, la universidad que no puede ejercer el sufragio para elegir a sus autoridades y cuyos antecedentes gremiales no cuentan ni siquiera con alguna discusión laboral con la patronal.

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PICÁ y MIRÁ

Fijate bien las condiciones antes de engolosinarte con esta liquidación irracional de mi biblioteca.