Eventos electorales: consideraciones
Se largaron las elecciones para comisión directiva de Apunam. ¡Qué nervios!


Así comienza esta contienda electoral. Con las mañas tradicionales.
Ni bien se oficialicen las listas, arranca el despliegue de campaña y sabremos qué tienen para decir los aspirantes en pugna: la lista Celeste, la lista Verde y la lista Celeste y Verde; perdón, Celeste y Blanca.
Por si alguien no está al tanto, dejo una carpeta con las actas en PDF para descarga; al final, en la galería de imágenes, las planillas con las candidaturas.
Antes de presentar el Pequeño manual electoral para votar más o menos —muy pronto— conviene detenerse un momento en algunas consideraciones generales sobre la elección de la próxima conducción de nuestro gremio.
Ya saben: la popular «Fiesta de la Democracia» puede resultar entretenida como evento aislado, pero solo tiene sentido si está apuntalada por el ejercicio constante del conocimiento, la crítica y la participación. Justamente lo que no tenemos.
El ámbito
La cultura política de la UNaM obliga siempre a hilar fino para separar la paja del trigo; y también el trigo del trigo seco, que termina siendo lo mismo que la paja. Encaramos esta tarea agrícola con el conocimiento de alguien que mira un paquete de harina en la góndola del supermercado y nunca se preguntó de dónde sale.
Es un embole, pero hay que hacerlo. Sobre todo porque las listas no se forman por cohesión política o ideológica. Se conforman mediante el método más extendido y exitoso de la política universitaria: el armado electoral. Un mejunje orientado a sumar votos como sea. Se ofrecen lugares o beneficios a integrantes de cualquier espacio, partido o facultad, y a referentes capaces de inspirar confianza de cualquier tipo.
Esa misma bolsa de votos es la que después se ofrece en sacrificio para las elecciones generales de autoridades. El verdadero poder detrás de todo esto.
El problema es que este pacto electoral descarta, desde el inicio, lo elemental: un proyecto político y sindical compartido. Por eso, frente a las primeras tensiones de la realidad, los gobiernos de pacto suelen destartalarse.
Un ejemplo bastante claro de este vacío político fue el discurso intersindical del 23 de abril de 2024, durante el acto de la Gran Marcha Federal Universitaria. Tan cuidadosamente evasivo de la realidad concreta que podría haber funcionado en cualquier universidad argentina con solo reemplazar las pocas menciones a la UNaM por el nombre de otra institución. Quien quiera puede hacer la prueba.
En consecuencia, la tarea más habitual de las gestiones gremiales e institucionales termina siendo neutralizar conflictos y silenciar discursos políticos. Incluso los propios. Y entre los votantes se vuelve habitual el lamento de pasillo, el gimoteo clásico «cómo nos cagaron otra vez».
Resultado: nadie habla de nada. No hay asambleas. No hay plenarios. No hay convocatorias. No hay discusiones políticas abiertas. Lo que hay es balbuceo.
Mientras no exista diálogo real, discusión política y algún intento serio de construir una política universitaria, el destino de los claustros seguirá siendo ese: indignación entre dientes. La resignación disimulada.
Caracterización de listas
(snack, queda un mes para profundizar)
Las cabezas de lista de la Verde y de la Celeste y Blanca son de las pocas que permanecieron en la Comisión Directiva saliente, cuyo rostro visible fue José Vallejos. Un equipo sindical que empezó a desarmarse desde el primer año de gestión hasta quedar bastante destartalado.
Rojo (FHyCS, lista Verde) tiene larga trayectoria dentro de la burocracia sindical. Está desde la última etapa de Picaza —la más entreguista— y fue, en buena medida, la garantía de continuidad del picazismo durante la gestión de Vallejos.
Es congresal y subsecretaria de Derechos Humanos en Fatun. Se la vio participar en representación gremial suplantando al secretario general, militar la presidencia del renovador convergente López en Smaunam y asistir a congresos de la federación sin consultar a las bases.
Durante las asambleas autoconvocadas de 2024 intervino para impedir la toma de la facultad, una voluntad que luego terminó derivando en disturbios protagonizados por un grupo de nodocentes de Humanidades.
Mercado (FIO, lista Celeste y Blanca) llegó a Apunam con la victoria de Vallejos. En el acto de traspaso heredaron la conducción del gremio con la bendición de Picaza, que resumió la línea política en una frase memorable: «el camino es el diálogo, siempre el diálogo con las autoridades». Pura sangre cegetista.
A Mercado se lo ha visto recorrer barrios obereños y comedores populares con aires renovadores, cerca de organizaciones y movimientos no partidarios. Integra además una de las dos CGT misioneras.
Dentro de Apunam fue uno de los secretarios más participativos y accesibles, aunque también de los más reservados respecto de varios problemas que terminaron resquebrajando a la comisión directiva: el desarme de los plenarios de delegados, el uso cuestionado de fondos y la progresiva desatención gremial de las bases, entre otros.
Citadini (Rectorado, lista Celeste) se presenta con el respaldo de la agrupación más fuerte del Rectorado —donde se concentra el 34% de los nodocentes—: La 26 de Noviembre. La 26 tiene historia y pedigrí. Fue impulsada por Javier Gortari durante su primer gobierno en Rectorado con el objetivo de lograr la misma gobernabilidad pancha que había tenido en Humanidades.
Los términos canicheo y canichear evocan a los caniches de Perón. Es ese entusiasmo canino por estar cerca del dueño (la autoridad, el poder), adularlo, seguirlo y defenderlo. Siempre a cambio de palmadas y huesitos (premios). Desde el lado del dueño, el caniche cumple una función ornamental: exhibir sensibilidad por las especies gobernadas. Aplicado a la política universitaria, esta estética conductual permitió a Convergencia Universitaria consolidar su hegemonía en toda la UNaM e instalar la política del oficialismo permanente. Lo que nació en la peronmanía terminó expandiéndose a toda la comunidad universitaria. Progres, gorilas y autopercibidos zurdos aprendieron a atravesar con la misma conducta las distintas estaciones del poder nacional: la cristinista (macuchíes Simón), la macrista (mestizo Balcarce), la fernandista (collie Dylan) y ahora la mileista (mastín inglés Conan). Ya lo dijo el general: a un perro lo llamás León y viene, pero sigue siendo un perro.
Nació durante el segundo subidón del kirchnerismo y, aunque en los años de la peronmanía (2011-2014) tuvo una fuerte impronta nac&pop —esa pasión en V que inspiró el término canicheo—, con los cambios de clima político fue ampliando su fauna interna: macristas, librepensadores, coaching ontológicos, mileistas y, por supuesto, renovadores. Tal como el propio Gortari lo explicó en su libro Usar la palabra, el emboyeré electoralista que sofisticadamente llaman transversalidad.
Nobleza obliga: toda caracterización política debe tomarse como una estimación. En la universidad, rara vez las agrupaciones se expresan públicamente, mucho menos cuando se trata de cuestionar a las autoridades, por eso es difícil saber cuál es el perfil o postura en este mundo. De cualquier manera, el método de armado de listas distribuye lobistas o representantes de intereses partidarios en cada una de ellas, el mezcladito garpa. Así siempre queda, al menos, una patita de caniche adentro.
Tres consideraciones antes de votar
Una forma fácil y cómoda de iniciar este camino es preguntarle a cualquier inteligencia artificial genérica (no especializada), lo básico, por ejemplo:
1. ¿Qué es la política y cómo se practica?
2. ¿Las prácticas políticas son públicas o privadas (o ambas)?
3. ¿Qué es la democracia representativa y qué es la democracia participativa, pueden coexistir?
4. ¿Qué es un sindicato?, ¿para qué sirve?
5. ¿Mediante qué prácticas y acciones un sindicato cumple con su cometido?
6. ¿Cuáles son sus competencias, deberes y obligaciones?
7. ¿Cuándo y por qué un sindicato debe realizar medidas de fuerza?
8. ¿Cuándo un sindicato fracasa o traiciona su razón de ser?
9. ¿Es conveniente que la comisión directiva se integre con agentes que compartan un proyecto colectivo afín o puede conformarse con agentes con proyectos gremiales distintos o individuales?
La inteligencia artificial dará un pantallazo adecuado, aunque impreciso e insulso, porque responde según las convenciones que están disponibles en internet. Suficiente para nuestro caso: ya tenemos una idea general.
En la universidad, una agrupación es un conjunto de personas capaces de ofrecer votos y gobernabilidad a cambio de beneficios individuales o posiciones institucionales.
Fuera de los rituales políticos (elecciones) y los espacios institucionalizados (consejos), en muy pocos casos (deferencia) las agrupaciones universitarias participan de la vida política tal cual se las entiende: exponiendo una postura distintiva acorde a su visión integral de la institución, los claustros y la sociedad, organizándose en prácticas y propuestas colectivas para transformar la realidad.
La falta de compromiso y expresión política fue evidente en las recientes movilizaciones en contra de la reforma laboral: casi no hubo universitarios. Era de esperarse, apenas nos expresamos dentro, menos lo haremos afuera. La comunidad laburante misionera potenció las marchas universitarias en la provincia reuniendo más de 15 mil almas para defender a la UNaM; mientras la universidad apenas pudo sumar algunos centenares. Ensimismada, la institución no pudo devolver a la comunidad el apoyo brindado. Ni en la calle, ni en crítica política contra los legisladores.
Al contrario, las conveniencias individuales impiden la consolidación de grupos más o menos regulares, la movilidad entre espacios se produce por intereses personales o por interés coyuntural de un proyecto político ajeno y superior, que beneficia individualmente.
Por eso no hay expresiones políticas públicas ni participación colectiva, de hecho, se desmontaron los espacios formales como asambleas, reuniones, plenarios sindicales. Nuestras agrupaciones se parecen más a agencias de lobby y menos a organizaciones políticas.
Tener en cuenta esto evita decepciones y confusiones: aunque el sindicalismo no exige coincidencia ideológica o partidaria, sí requiere una mínima conciencia común, de intereses y principios de acción compartidos.
Nunca veremos una lista organizada sobre afinidades políticas, sindicales o ideológicas. Nuestra elección es sobre qué equipo de gestión soportará mejor las tensiones de cada espacio y la presión de los patrones sin romper el sindicato ni rematar lo poco que queda de la confianza en las bases.
Las campañas electorales son el despliegue de acciones que las listas o partidos realizan para competir en una elección. Cada una expone al electorado su visión de la realidad y las propuestas para conducir el gremio y afrontar los problemas.
Es importante aclararlo porque la comunidad universitaria tiende cada vez más a suprimir las elecciones, no son pocos los casos en que los acuerdos y consensos empujaron listas únicas, descartando el sufragio. Así pasó con la última elección del Cuerpo de Delegados y el segundo periodo de gobierno (actual) de Convergencia, Unidad y Compromiso: solo asumieron el poder, sin urnas, sin asambleas, sin campañas, puro lobby. Sin legitimidad.
Las campañas no son para venderle la lista a los votantes, son difusión y agitación, instalación de problemáticas y discusiones, momento de mostrar diagnósticos de situación y contrastarlos.
Lo fundamental es el diagnóstico de situación (política, sindical, económica, institucional, nacional, federativa o provincial). Esta lectura de la realidad debe ser precisa y concreta. Si se presenta con frases de coaching corte «hay mucha tristeza, hay que buscar la alegría en uno mismo» o «el ajuste te endeuda, hagamos un taller para no gastar tanto», te están tomando por idiota.
El diagnóstico debe apuntar a ejes esenciales (por ejemplo, condiciones y derechos laborales, salario, estado de la herramienta sindical), exponer problemas concretos y señalar con nombre propio a los responsables. Debe sonar corte «Es hora de que nos preguntemos por qué la gestión universitaria a cargo de Bohren y Katogui, que tiene en su gabinete a Liliana Riveros, candidata de la lista Verde, y Oscar Galarza, conductor de La 26, columna de la lista Celeste, en 8 años no desarrolló una política de recursos humanos que normalice la carrera de los trabajadores y contrarreste la arbitrariedad patronal al no aplicar el reglamento de concursos».
El diagnóstico es lo que motiva a un grupo de gente a intentar convertirse en la dirección del gremio para intervenir desde otro lugar además de su activismo o militancia (porque todos los aspirantes provienen de algún tipo de activismo, eso también vale indagar).
Además, el balance de cada lista permitirá comprender las estrategias gremiales que mínimamente deben exponer el modelo de sindicato que persiguen, la relación con las bases y la patronal, la relación con los niveles superiores de organización y otros gremios (y las presuntas acciones, claro), los métodos de negociación, defensa y lucha.
Lista que no tiene un diagnóstico crítico sobre puntos identificables en la realidad es un grupo de lobby. Hablar solo de gestión es disimular la administración de conflictos y la obediencia.
Resulta difícil aceptar que ninguna lista identifique problemas concretos ni responsables visibles. Es sencillamente imposible que en una institución como la universidad no exista ningún conflicto relevante.
Desafío final
Intenten recordar cuándo fue la última vez que una conducción de Apunam o alguna agrupación nodocente denunció públicamente problemas laborales, confrontó con las autoridades o movilizó a los trabajadores por cuestiones propias de la universidad.
Si la respuesta no aparece enseguida, no se preocupen. Dejen que la duda haga su trabajo.
En política sindical, la sospecha suele ser el primer síntoma de lucidez.







